"ESCUDRIÑANDO LA PARÀBOLA DEL BUEN SAMARITANO": ¿Còmo heredar la vida eterna?.
YAHWEH bendiga sus vidas, amados hermanos.
En esta ocasiòn, escudriñaremos algunas riquezas de la paràbola del Buen Samaritano. Muchas veces, pasamos por alto preciosas enseñanzas para nuestras vidas al leer de corrido y no "hacer pozos o indagar" lo que leemos. Es por esto mismo que, con Biblia en mano, estudiaremos las benditas y poderosas palabras de nuestro Amado Señor Yeshua (Jesùs, el Mesìas). ¡Cuando Jesùs nos habla, no sòlo sacia nuestro intelecto, sino que nos habla directo al espìritu!. Nuestro Papà dijo:
En esta ocasiòn, escudriñaremos algunas riquezas de la paràbola del Buen Samaritano. Muchas veces, pasamos por alto preciosas enseñanzas para nuestras vidas al leer de corrido y no "hacer pozos o indagar" lo que leemos. Es por esto mismo que, con Biblia en mano, estudiaremos las benditas y poderosas palabras de nuestro Amado Señor Yeshua (Jesùs, el Mesìas). ¡Cuando Jesùs nos habla, no sòlo sacia nuestro intelecto, sino que nos habla directo al espìritu!. Nuestro Papà dijo:
"El espìritu es el que da vida; la carne para nada
aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espìritu y son vida"
(Juan 6:63).
La palabra
"paràbola", del griego "parabolè", es una narraciòn alègorica de un
hecho normal, para expresar una enseñanza moral. Se puede traducir como
"semejanza o algo al lado de...". Sin embargo, la explicaciòn màs comùn,
en la Biblia, es "una historia terrenal con un significado espiritual".
Leamos el pasaje bìblico de Lucas 10:25-37 (usarè la Reina Valera 1.960):
“…Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo”.
Este es un pasaje importante de la Biblia, pero debido al contexto en el que fue escrito podemos llegar a pasar por alto la magnífica enseñanza que Yeshua (Jesùs) dio en esa ocasión.
ES NECESARIO ACLARAR QUE, CUANDO REINA VALERA DICE "LEY", SE ESTÀ REFIRIENDO A LA "TORÀH". ESTE HOMBRE, EL EXPERTO EN LA LEY, ERA UN ESCRIBA O MAESTRO DE LA TORÀH.
Hagàmonos las siguientes preguntas:
¿Por qué este intérprete de la Toràh quiso justificarse?. ¿Acaso no había respondido correctamente a Jesús?.
Ya que Yeshua estaba en Judea, ¿Por qué toma como ejemplo de bondad a un samaritano y no a un judío?.
El evangelista Lucas, el cual no era judìo, naciò en Antioquìa. Era un hombre de educaciòn griega, muy culto y de profesiòn mèdico. Se lo considera el autor del Evangelio que lleva su nombre y del libro de los Hechos de los Apòstoles. Su tema principal es “el evangelio de salvación”.
Este es el “Evangelio universal”. En èl, desaparecen todas las barreras y Jesucristo es para todo el mundo sin distinción. Es para los judíos y para los gentiles, para los piadosos y para los pecadores igualmente. Es el Salvador del mundo.
Lucas escribió principalmente para los gentiles. Su propósito era demostrar que la participación de los gentiles, en el reino de Dios, está basada en las enseñanzas de Jesús y que por lo tanto, es necesario predicar el Evangelio a todo el mundo.
Fue escrito en Roma, alrededor del año 62 d.C.
Analizando los textos paralelos, vemos que Yeshua, después de enseñar, se alejó de Galilea y fue hacia las regiones de Judea al otro lado del Jordán
"Y aconteció que cuando Jesús hubo acabado estas palabras, se trasladó de Galilea, y partió a las regiones de Judea, más allá del Jordán" (Mateo19:1)
" Y partiendo de allí, va a la región de Judea, más allá del Jordán, y otra vez marchan con Él multitudes, y de nuevo les enseñaba como tenía costumbre" (Marcos 10:1).
En Lucas 9:51, Yeshua comenzó su viaje a la cruz, un viaje que continuará hasta la Entrada Triunfal del capítulo diecinueve. Juan nos proporciona más detalles aún y nos dice que Yeshua fue a Jerusalén para asistir a la fiesta de los tabernáculos y para evangelizar la región de Judea.
"Después de estas cosas, Jesús recorría Galilea, porque no quería andar en Judea, pues los judíos lo buscaban para matarlo. Y estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los Tabernáculos. Entonces le dijeron sus hermanos: Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces; porque nadie hace algo en secreto y procura al mismo tiempo darse a conocer. Ya que haces estas cosas, manifiéstate al mundo. (Porque ni aun sus hermanos creían en Él.) Jesús les dice: Mi tiempo aún no ha llegado, pero vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo aborreceros, pero a mí me aborrece, porque Yo testifico de él, que sus obras son malvadas. Subid vosotros a la fiesta. Yo no subo a esta fiesta, pues mi tiempo aún no se ha cumplido. Y habiéndoles dicho estas cosas, se quedó en Galilea. Sin embargo, tan pronto como sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió, no abiertamente, sino como en secreto. Por tanto, los judíos lo buscaban en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél? Y había mucho murmullo entre las multitudes respecto a Él, pues unos decían: Es bueno; otros decían: No, sino que engaña a la gente. Pero nadie hablaba francamente respecto a Él, por temor a los judíos" (Juan 7:1-13).
Yeshua (Jesùs) inicia su viaje intentando pasar directamente a Jerusalén, pero es rechazado por los samaritanos, desea tomar un camino directo a Jerusalén para llegar más rápido, pero estos no le permiten pasar por su aldea. Este evento finaliza con una reprensión a Jacobo y a Juan, sus discípulos, por desear la destrucción de ellos, diciendo:
“…Porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas…”
Con la cruz tan cerca y con tanto por hacer, designa a otros setenta (y dos) y los envía a evangelizar delante de Él. Luego Jesús reprende a quienes rechazan el mensaje, tres ciudades (Corazín, Betsaida, y Capernaúm) y las compara con dos ciudades gentiles:
"Si en verdad la casa es digna, repose vuestra paz sobre ella, pero si no es digna, vuélvase vuestra paz a vosotros. Y cualquiera que no os reciba, ni oiga vuestras palabras, al salir de aquella casa o ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable para la tierra de Sodoma y de Gomorra que para aquella ciudad. He aquí, Yo os envío como a ovejas en medio de lobos. Sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas" (10:13-16).
A esto Mateo le agrega la ciudad de Sodoma:
"Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso serás exaltada hasta el cielo? ¡Hasta el Hades serás abatida! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se hicieron en ti, habría permanecido hasta hoy (Mateo 11:23).
Los judíos consideraban que las ciudades paganas de la antigüedad eran absolutamente impías. Decir que tendrían una respuesta más cálida al evangelio que esas poblaciones judías era una forma de declarar la ceguera de los judíos al evangelio.
Al regresar los setenta (y dos) exclaman gozosos por la autoridad que les ha sido impartida, Jesús los corrige diciéndoles que mayor gozo es aún tener escritos sus nombres en los cielos:
"Regresaron los setenta y dos con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos someten en tu Nombre. Les dijo: Veía Yo a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí, os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones y el poder del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis por esto, de que los espíritus se os someten, sino regocijaos de que vuestros nombres están inscritos en los cielos" (Lucas 10:17-20).
Yeshua se regocija y alaba a Dios Padre:
“… porque escondió estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños…”.
Había dicho que sus discípulos estaban oyendo cosas mucho mayores que las que en días previos habían sido reveladas a reyes y profetas.
Podría ser que el experto de la Toràh se incomodó al oír a Jesús decir que los setenta (y dos) estaban anotados en los cielos y que tuvieran mayor revelación que los profetas, pues les había dicho que habían heredado la vida eterna. Para él, se necesitaría hacer más de lo que éstos habían hecho para lograrlo.
El intèrprete de la Ley (Toràh) reacciona:
“Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo…”.
El personaje que da pie para que Jesús relate esta parábola tan significativa, es un intérprete de la ley, es decir, de la Toràh. Era un hombre de letras. Esta persona es a quien Jesús le dirige directamente esta parábola.
La intención del intérprete de la Ley es probar a Jesús y sus enseñanzas, preguntándole:
“¿Haciendo qué heredaré la vida eterna?” .
Lo que el intérprete de la Toràh pregunta, en realidad, es lo que tiene que hacer para impresionar favorablemente a Dios y así ganarse la herencia de la vida eterna.
Tengamos en cuenta que los intérpretes de la Toràh son también mencionados en la Biblia como “los escribas”. Estos decían que la Ley era divina y por lo tanto todo debía encontrarse en ella. Si algo no era bien explícito, decían que se hallaría de manera implícita, por lo tanto sacaban conclusiones acerca de la Ley haciendo una regla y una norma para cada situación de la vida.
Los judíos ortodoxos tomaban estas interpretaciones exageradas como verdadera religión y servicio a Dios; veían el cumplimiento de estas reglas como un asunto de vida o muerte y su destino en la eternidad dependía de ello.
Todo judío, y mucho más un escriba, pensaba que la vida eterna podía llegar a ganarse o merecerse, de allí que podamos entender el énfasis que hace en las palabras “Haciendo…qué”. Tenía una manera errada de querer alcanzar la vida eterna.
Jesús tratará de Toràh con alguien especializado en el tema.
Porque es allí donde lo remite, al terreno de su especialidad, preguntándole:
"¿Qué está escrito en la Toràh? ¿Cómo lees?. Ya que era su deber interpretar la Toràh, su actividad consistía en conocer los datos de ella y su correcta interpretación.
La pregunta de Jesús le devuelve el reto. “¡Tú eres el experto!. ¡Has pasado la vida estudiando la ley (Toràh)!. ¡Dímelo tú a mí!".
La respuesta de Jesús también sirve para dirigir la discusión hacia las escrituras, fundamento de la vida judía, y afirma la fidelidad de estas escrituras para guiarnos por el buen camino.
Este escriba responde primero del Shemá, una confesión de fe judía:
“ Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”
Esta colección de versículos constituye una de las más antiguas piezas en la adoración del pueblo judío. Los repiten dos veces al día. Por lo tanto, no nos debe sorprender que se encuentre en los pensamientos del escriba. Jesús llamaba a estos “El gran mandamiento”.
La segunda parte es de Levítico19:18, mostrándonos que responde en un terreno que maneja a la perfección.
El escriba ha respondido bien. Pero Yeshua añade:
“Haz esto y vivirás” (τουτο ποιει και ζηση), el verbo que se utiliza es presente de imperativo, “sigue haciendo esto siempre” y futuro de indicativo.
El escriba es erudito de la ley y sabe lo que requiere. Empezó a cuestionar a Jesús preguntándole qué es lo que debe hacer para ganarse la vida eterna. Ahora, Yeshua le dice que debe hacer lo que él ya sabe.
El maestro de la Toràh se justifica:
La respuesta de Yeshua cala muy profundo en el corazón de este intérprete, ha preguntado algo que ya sabía y ha quedado expuesto ante Jesús, por eso intenta hábilmente “justificarse” preguntando “¿Y quién es mi prójimo?” . ¿Cómo puede él obedecer el segundo mandamiento sin saber quién es su prójimo?.
Desea aparecer como un hombre justo, creía que estaba en el camino directo al Reino de Dios.
Este es el tipo de pregunta que los rabíes discutían sin cesar. Tal debate a veces representaba una autèntica devoción a la ley, pero fácilmente se podía deteriorar en un ejercicio académico. Al continuamente debatir la ley, uno podía aplazar el tener que observarla.
La palabra usada aquí para “prójimo”, es la palabra griega “plesión” cuyo significado es: “vecino; compañero; junto; prójimo”, “el que está cercano”.
Con su pregunta, este intérprete de la Toràh está poniendo sus límites a la palabra “prójimo”, razonando que no todos son su prójimo. Con este pensamiento, podría excusarse
para cumplir la Toràh de amar al prójimo como a uno mismo, en la cual se hallaba en falta.
Leamos el pasaje bìblico de Lucas 10:25-37 (usarè la Reina Valera 1.960):
“…Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo”.
Este es un pasaje importante de la Biblia, pero debido al contexto en el que fue escrito podemos llegar a pasar por alto la magnífica enseñanza que Yeshua (Jesùs) dio en esa ocasión.
ES NECESARIO ACLARAR QUE, CUANDO REINA VALERA DICE "LEY", SE ESTÀ REFIRIENDO A LA "TORÀH". ESTE HOMBRE, EL EXPERTO EN LA LEY, ERA UN ESCRIBA O MAESTRO DE LA TORÀH.
Hagàmonos las siguientes preguntas:
¿Por qué este intérprete de la Toràh quiso justificarse?. ¿Acaso no había respondido correctamente a Jesús?.
Ya que Yeshua estaba en Judea, ¿Por qué toma como ejemplo de bondad a un samaritano y no a un judío?.
El evangelista Lucas, el cual no era judìo, naciò en Antioquìa. Era un hombre de educaciòn griega, muy culto y de profesiòn mèdico. Se lo considera el autor del Evangelio que lleva su nombre y del libro de los Hechos de los Apòstoles. Su tema principal es “el evangelio de salvación”.
Este es el “Evangelio universal”. En èl, desaparecen todas las barreras y Jesucristo es para todo el mundo sin distinción. Es para los judíos y para los gentiles, para los piadosos y para los pecadores igualmente. Es el Salvador del mundo.
Lucas escribió principalmente para los gentiles. Su propósito era demostrar que la participación de los gentiles, en el reino de Dios, está basada en las enseñanzas de Jesús y que por lo tanto, es necesario predicar el Evangelio a todo el mundo.
Fue escrito en Roma, alrededor del año 62 d.C.
Analizando los textos paralelos, vemos que Yeshua, después de enseñar, se alejó de Galilea y fue hacia las regiones de Judea al otro lado del Jordán
"Y aconteció que cuando Jesús hubo acabado estas palabras, se trasladó de Galilea, y partió a las regiones de Judea, más allá del Jordán" (Mateo19:1)
" Y partiendo de allí, va a la región de Judea, más allá del Jordán, y otra vez marchan con Él multitudes, y de nuevo les enseñaba como tenía costumbre" (Marcos 10:1).
En Lucas 9:51, Yeshua comenzó su viaje a la cruz, un viaje que continuará hasta la Entrada Triunfal del capítulo diecinueve. Juan nos proporciona más detalles aún y nos dice que Yeshua fue a Jerusalén para asistir a la fiesta de los tabernáculos y para evangelizar la región de Judea.
"Después de estas cosas, Jesús recorría Galilea, porque no quería andar en Judea, pues los judíos lo buscaban para matarlo. Y estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los Tabernáculos. Entonces le dijeron sus hermanos: Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces; porque nadie hace algo en secreto y procura al mismo tiempo darse a conocer. Ya que haces estas cosas, manifiéstate al mundo. (Porque ni aun sus hermanos creían en Él.) Jesús les dice: Mi tiempo aún no ha llegado, pero vuestro tiempo siempre está presto. No puede el mundo aborreceros, pero a mí me aborrece, porque Yo testifico de él, que sus obras son malvadas. Subid vosotros a la fiesta. Yo no subo a esta fiesta, pues mi tiempo aún no se ha cumplido. Y habiéndoles dicho estas cosas, se quedó en Galilea. Sin embargo, tan pronto como sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió, no abiertamente, sino como en secreto. Por tanto, los judíos lo buscaban en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél? Y había mucho murmullo entre las multitudes respecto a Él, pues unos decían: Es bueno; otros decían: No, sino que engaña a la gente. Pero nadie hablaba francamente respecto a Él, por temor a los judíos" (Juan 7:1-13).
Yeshua (Jesùs) inicia su viaje intentando pasar directamente a Jerusalén, pero es rechazado por los samaritanos, desea tomar un camino directo a Jerusalén para llegar más rápido, pero estos no le permiten pasar por su aldea. Este evento finaliza con una reprensión a Jacobo y a Juan, sus discípulos, por desear la destrucción de ellos, diciendo:
“…Porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas…”
Con la cruz tan cerca y con tanto por hacer, designa a otros setenta (y dos) y los envía a evangelizar delante de Él. Luego Jesús reprende a quienes rechazan el mensaje, tres ciudades (Corazín, Betsaida, y Capernaúm) y las compara con dos ciudades gentiles:
"Si en verdad la casa es digna, repose vuestra paz sobre ella, pero si no es digna, vuélvase vuestra paz a vosotros. Y cualquiera que no os reciba, ni oiga vuestras palabras, al salir de aquella casa o ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable para la tierra de Sodoma y de Gomorra que para aquella ciudad. He aquí, Yo os envío como a ovejas en medio de lobos. Sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas" (10:13-16).
A esto Mateo le agrega la ciudad de Sodoma:
"Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso serás exaltada hasta el cielo? ¡Hasta el Hades serás abatida! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se hicieron en ti, habría permanecido hasta hoy (Mateo 11:23).
Los judíos consideraban que las ciudades paganas de la antigüedad eran absolutamente impías. Decir que tendrían una respuesta más cálida al evangelio que esas poblaciones judías era una forma de declarar la ceguera de los judíos al evangelio.
Al regresar los setenta (y dos) exclaman gozosos por la autoridad que les ha sido impartida, Jesús los corrige diciéndoles que mayor gozo es aún tener escritos sus nombres en los cielos:
"Regresaron los setenta y dos con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos someten en tu Nombre. Les dijo: Veía Yo a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí, os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones y el poder del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis por esto, de que los espíritus se os someten, sino regocijaos de que vuestros nombres están inscritos en los cielos" (Lucas 10:17-20).
Yeshua se regocija y alaba a Dios Padre:
“… porque escondió estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños…”.
Había dicho que sus discípulos estaban oyendo cosas mucho mayores que las que en días previos habían sido reveladas a reyes y profetas.
Podría ser que el experto de la Toràh se incomodó al oír a Jesús decir que los setenta (y dos) estaban anotados en los cielos y que tuvieran mayor revelación que los profetas, pues les había dicho que habían heredado la vida eterna. Para él, se necesitaría hacer más de lo que éstos habían hecho para lograrlo.
El intèrprete de la Ley (Toràh) reacciona:
“Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo…”.
El personaje que da pie para que Jesús relate esta parábola tan significativa, es un intérprete de la ley, es decir, de la Toràh. Era un hombre de letras. Esta persona es a quien Jesús le dirige directamente esta parábola.
La intención del intérprete de la Ley es probar a Jesús y sus enseñanzas, preguntándole:
“¿Haciendo qué heredaré la vida eterna?” .
Lo que el intérprete de la Toràh pregunta, en realidad, es lo que tiene que hacer para impresionar favorablemente a Dios y así ganarse la herencia de la vida eterna.
Tengamos en cuenta que los intérpretes de la Toràh son también mencionados en la Biblia como “los escribas”. Estos decían que la Ley era divina y por lo tanto todo debía encontrarse en ella. Si algo no era bien explícito, decían que se hallaría de manera implícita, por lo tanto sacaban conclusiones acerca de la Ley haciendo una regla y una norma para cada situación de la vida.
Los judíos ortodoxos tomaban estas interpretaciones exageradas como verdadera religión y servicio a Dios; veían el cumplimiento de estas reglas como un asunto de vida o muerte y su destino en la eternidad dependía de ello.
Todo judío, y mucho más un escriba, pensaba que la vida eterna podía llegar a ganarse o merecerse, de allí que podamos entender el énfasis que hace en las palabras “Haciendo…qué”. Tenía una manera errada de querer alcanzar la vida eterna.
Jesús tratará de Toràh con alguien especializado en el tema.
Porque es allí donde lo remite, al terreno de su especialidad, preguntándole:
"¿Qué está escrito en la Toràh? ¿Cómo lees?. Ya que era su deber interpretar la Toràh, su actividad consistía en conocer los datos de ella y su correcta interpretación.
La pregunta de Jesús le devuelve el reto. “¡Tú eres el experto!. ¡Has pasado la vida estudiando la ley (Toràh)!. ¡Dímelo tú a mí!".
La respuesta de Jesús también sirve para dirigir la discusión hacia las escrituras, fundamento de la vida judía, y afirma la fidelidad de estas escrituras para guiarnos por el buen camino.
Este escriba responde primero del Shemá, una confesión de fe judía:
“ Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”
Esta colección de versículos constituye una de las más antiguas piezas en la adoración del pueblo judío. Los repiten dos veces al día. Por lo tanto, no nos debe sorprender que se encuentre en los pensamientos del escriba. Jesús llamaba a estos “El gran mandamiento”.
La segunda parte es de Levítico19:18, mostrándonos que responde en un terreno que maneja a la perfección.
El escriba ha respondido bien. Pero Yeshua añade:
“Haz esto y vivirás” (τουτο ποιει και ζηση), el verbo que se utiliza es presente de imperativo, “sigue haciendo esto siempre” y futuro de indicativo.
El escriba es erudito de la ley y sabe lo que requiere. Empezó a cuestionar a Jesús preguntándole qué es lo que debe hacer para ganarse la vida eterna. Ahora, Yeshua le dice que debe hacer lo que él ya sabe.
El maestro de la Toràh se justifica:
La respuesta de Yeshua cala muy profundo en el corazón de este intérprete, ha preguntado algo que ya sabía y ha quedado expuesto ante Jesús, por eso intenta hábilmente “justificarse” preguntando “¿Y quién es mi prójimo?” . ¿Cómo puede él obedecer el segundo mandamiento sin saber quién es su prójimo?.
Desea aparecer como un hombre justo, creía que estaba en el camino directo al Reino de Dios.
Este es el tipo de pregunta que los rabíes discutían sin cesar. Tal debate a veces representaba una autèntica devoción a la ley, pero fácilmente se podía deteriorar en un ejercicio académico. Al continuamente debatir la ley, uno podía aplazar el tener que observarla.
La palabra usada aquí para “prójimo”, es la palabra griega “plesión” cuyo significado es: “vecino; compañero; junto; prójimo”, “el que está cercano”.
Con su pregunta, este intérprete de la Toràh está poniendo sus límites a la palabra “prójimo”, razonando que no todos son su prójimo. Con este pensamiento, podría excusarse
para cumplir la Toràh de amar al prójimo como a uno mismo, en la cual se hallaba en falta.
La respuesta de Yeshua:
“Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a
Jericó, y cayó en manos de
ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole,
se fueron, dejándole medio
muerto”.
Aquí las palabras originales en griego para “respondiendo” son: “υπολαβων
ο Iησους”, cuya traducción literal es
“tomando pie de esto”.
Tomando pie de lo que ha dicho el escriba, comienza a narrar la
paràbola, y al hacerlo, hace más vívida su historia situándola en el camino de
Jerusalén a Jericó. Este era el camino público principal de Judea, ya que
comunicaba las dos ciudades. Un lugar peligroso aún en la actualidad.
Históricamente se lo llegó a conocer como “el camino rojo”, debido a las
golpizas que muchas personas sufrían en manos de malhechores. En la parte
ensanchada de este camino, se le puso "el valle de sombra de muerte"
por su violencia. El mismo lugar que cita el salmista en Salmos 23.
Los caminos de Palestina estaban infestados de ladrones y este camino
era especialmente peligroso debido a lo escabroso del terreno y las cuevas que
lo rodeaban. Era un camino empinado de unos 27 kilómetros, descendía 1.000
metros desde Jerusalén a Jericó, que era una zona habitada por sacerdotes
cuando no estaban en funciones en el templo.
La palabra usada para “despojar” es la palabra griega “ekdúo” y que
significa "desnudar". Y la palabra “hiriéndole” es la palabra griega
“plegé” cuyo significado es "plaga, herida, herir, azotar, azote".
Estos ladrones golpearon salvajemente a este pobre hombre, lo dejaron
desnudo y moribundo.
Una persona se reconoce, en cuanto a cultura, religiòn o posiciòn social
debido a dos cosas: su ropa y sus expresiones en el habla. Este hombre quedò
irreconocible, sin ropas e incosciente.
“ Aconteció que descendió un
sacerdote por aquel camino, y
viéndole, pasó de largo.
Asimismo un levita, llegando
cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo”.
Estos dos que pasaron de largo son tipos sacerdotales, el orden
religioso que estaba por encima de los rabinos y fariseos, quienes eran los
expertos en la Ley.
El sacerdote tenía dos responsabilidades básicas: llevar a cabo los
ritos religiosos y la comunicación con la Deidad. Cuidaba del santuario y
comunicaba las decisiones divinas. Representa al pueblo delante de Elohim (Dios) y a Elohim delante del pueblo.
Humanamente hablando, se
espera que sea él quien brinde ayuda al asaltado. Pero Yeshua (Jesús) decide que, en su
parábola, èste pase de largo sin detenerse. Es más, la traducciòn correcta
para “pasó de largo” es “se fue por el lado opuesto”.
Yeshua (Jesús) dice que el sacerdote “descendió por aquel camino”. “Descendió” en
dirección a Jericó en vez de subir hacia Jerusalén. Los sacerdotes cumplen su trabajo en el
templo un período de tiempo y después regresan a su hogar. Este sacerdote estaría camino a casa y no
presidiría en el templo por algún tiempo.
Los levitas eran inferiores a los sacerdotes en cuestión de
posición. Representaban el tercer
grado en la jerarquía eclesiástica. Notemos que en sus actividades esto se hace
más notorio. Eran oficiales encargados del culto, cuidaban del santuario y
ayudaban a los sacerdotes .Ayudantes de los sacerdotes para preparar los
sacrificios y recaudar y distribuir las
contribuciones del pueblo. Estos levitas eran mantenidos por las ofrendas del
templo y los diezmos del grano, fruto y ganado...pero ellos a su vez entregaban
a los sacerdotes la décima parte de sus diezmos.
Si el sacerdote no se detuvo, ahora sí este debería hacerlo. Pero no;
este al igual que el sacerdote, aunque lo vio siguió de largo (se fue por el
lado opuesto).
Quizá temían que la víctima estuviera
muerta. Cualquier judío que tocara un
cuerpo muerto sería considerado inmundo por siete días y debería pasar por una
ceremonia de purificación al tercer y séptimo día para no ser rechazado por la
asamblea. Un sacerdote o levita inmundo
quedaba prohibido de cumplir sus responsabilidades en el templo hasta ser
purificado – la ley especificaba ciertas responsabilidades sacerdotales que
podían dejar al sacerdote y a su asistente inmundos por una temporada.
Igualmente, sacerdotes y levitas inmundos no eran algo fuera de lo común. Sin embargo, la ley que prohíbe que un
sacerdote toque un cuerpo muerto se expresa en términos exactos... “Ni entrará
donde haya alguna persona muerta, ni por su padre, ó por su madre se contaminará”
(Levítico 21:11). El levita, sin
embargo, tiene más flexibilidad aquí. Aunque él también quedara inmundo si toca un cuerpo muerto, las
consecuencias son menos severas para él que para el sacerdote.
La parábola está siendo dirigida
al escriba y aquí Yeshua (Jesús) enseña que ser bueno, en sentido legal, no es lo mismo
que amar a Dios o al prójimo, cosas que el escriba acaba de decir que son
necesarias para la salvación.
Ha descrito a dos personajes del
orden religioso que estaba por encima de los expertos en la Toràh. Lo lógico
sería que siguiera en el mismo orden, pero la historia hace un cambio abrupto…
“Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole,
fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite
y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro
día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele;
y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese”.
Jesús pone como mejor ejemplo de amor a un samaritano. La palabra
“movido a misericordia” viene del griego “εσπλαγχνισθη” cuyo significado es:
“movido por compasión hasta la profundidad de sus entrañas”. Cuando nosotros
decimos “corazón”, judíos a menudo decían “entrañas.” En particular, hablaban de las entrañas
cuando hablaban del amor y la compasión.
Este samaritano “vino cerca de él” (κατ αυτον), literalmente “descendió
sobre él” , no trató de evitarlo, tuvo compasión del herido.
Ser samaritano era sinónimo de ser despreciado y los judíos
trataban de evitar todo tipo de contacto con ellos.
Los judíos no dudaban en excluir de la condición de “prójimo” a los
gentiles, pero especialmente a los samaritanos, debido a que eran una raza
mestiza, por así decir, que resultó de la fusión del remanente israelita con
los gentiles que los asirios llevaron a la región después de la caída de Israel. Eran descendientes de gentiles y para todo judío, una
raza contaminada. El Antiguo Testamento acusa que aún se había pervertido la religión,
mezclando tradiciones cananeas con la religión hebrea:
“Temían a YHWH, e hicieron del bajo pueblo sacerdotes de los lugares
altos, que sacrificaban para ellos en los templos de los lugares altos. Temían
a Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde
habían sido trasladados”. (2 Reyes 17.32-33)
Esta situación hostil llegó a su
máxima potencia cuando los samaritanos edificaron un templo rival en el monte
Gerizim. Aunque tiempo después dicho templo fue destruido, los samaritanos
continuaron venerando su monte sagrado y celebrando en él sus cultos. Además,
la Historia nos dice que los samaritanos se habían opuesto a la reconstrucción
del templo.
Por estas razones, los judíos hacían acepción de personas siendo
racistas, para ellos el prójimo era alguien de su propia nación, sus amigos, de
quienes pudieran obtener favor y no cualquier persona cercana, mucho menos un
samaritano, quien a su parecer, era peor que un pagano. Pero, en ésta parábola,
Jesús se propone romper con los esquemas mentales de este judío intérprete de
la Ley.
Imaginemos la sorpresa para este judío celoso de su religión de que
Jesús ponga como un ejemplo no a un fariseo, no a un sacerdote judío, sino a un
despreciable y vil samaritano. Un personaje indigno, bajo e infame.
Este samaritano, movido por
compasión hasta la profundidad de sus entrañas, estuvo dispuesto a acercarse al
herido, vendar sus heridas y echarles aceite y vino.
Para entender esta parte de la historia, debemos adentrarnos un poco a
la cultura oriental de aquellos tiempos.
El aceite de oliva se usaba como medicamento tanto en forma externa como
interna. Poseía propiedades emolientes y
protectoras. Comúnmente se usaba de manera externa como un ungüento para
contusiones y heridas. Si se vendaba una cortadura fresca con un lienzo
humedecido en aceite puro de oliva, la herida se curaba mucho más rápido que
por cualquier otro medio. Mientras el aceite calmaba el dolor, el vino servía
de antiséptico.
Este buen samaritano lo llevó al mesón. La palabra para “mesón” y
“mesonero” es la palabra griega “pandoqueion” o “pandokeion”, en su traducción
literal significa: lugar donde todos son recibidos (“pas”, todo; “decomai”,
recibir). Indica una casa para recepción de extraños.
Era una casa donde se daba posada a los viajeros. Allí, en la
antigüedad, las caravanas pasaban la noche.
Había mesones que eran de mejor calidad y que tenían casas con cuartos
para los viajeros, hasta establos para los animales. Jesús nació en un lugar
como este. Pero el mesón de la parábola del Buen Samaritano era aun más
confortable.
Este samaritano pagó dos denarios. Es decir, dos monedas romanas, de
plata, usadas en la época del Nuevo Testamento. Desde el siglo II a.C., el
denario era la principal moneda del imperio y llevaba, como todas las de plata
u oro, la imagen del emperador. Si es que pagó el precio normal de la duodécima
parte del denario por un día de hospedaje, pagó el mesón por veinticuatro días.
Su compasión la demuestra tanto
con tiempo como con dinero. Estos dos denarios equivalían al salario de dos
días de un jornalero.
Este samaritano, que en la mente
de todo judío era el más detestable, estaba cumpliendo “el gran mandamiento”.
Había dispuesto de lo que tenía y de lo que aún no tenía para socorrer a este
hombre golpeado y necesitado de ayuda. ¡Debe haber sido una sorpresa muy grande
para el escriba que escuchaba aquella parábola!
Luego de exponer su parábola, Jesús hace la pregunta más importante. El
escriba ha entendido el significado de ella y se predispone a responder. Jesús
ha tocado puntos sensibles para un judío, ha revertido los valores de la
religión y ha puesto a un detestable samaritano como ejemplo a imitar.
En la respuesta del escriba encontraremos
si de verdad está dispuesto a aceptar la enseñanza.
“¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo
del que cayó en manos de los ladrones? El dijo: El que usó de misericordia con
él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo”.
Este escriba, al responder, ni siquiera usa la palabra “samaritano”, en
lugar de eso dice: “El que usó de misericordia con él”.
Yeshua (Jesùs) ha dejado en descubierto lo que hay en el corazón de este hombre.
Su respuesta revela que él todavía no está listo para aceptar al samaritano
como su prójimo.
Había preguntado “¿Quién es mi prójimo?” y Yeshua (Jesùs) le ha respondido que él
debía ser el prójimo de cualquier persona que necesitara de su ayuda. No debía
limitar el mandamiento de Dios con sus prejuicios raciales. Con esta parábola,
Jesús ha expuesto la auto justificación de este hombre.
Podríamos esperar una parábola explicándonos cómo un judío podía mostrar
amor a cualquiera, aun a un samaritano. Pero de hecho, Jesús demuestra cómo un
samaritano puede estar más cerca del reino que un judío piadoso, pero con falta
de amor.
No era un nuevo conocimiento de la Toràh lo que necesitaba el maestro,
sino un nuevo corazón.
Entonces Jesús le dijo: "Ve, y haz tú lo mismo”. Después de la primera respuesta del escriba,
Jesús dijo, “haz esto, y vivirás”.
Después de la segunda respuesta del escriba, Jesús dice, “Ve, y haz tú
lo mismo”. En el primer caso, Jesús
incluyó la promesa que el escriba encontraría la vida. En el segundo caso, no hace ninguna
promesa. El samaritano no calculó su
recompensa.
Hèctor Rubèn Lillo
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